Las tragaperras en España


Aunque el juego ha sido una actividad que ha estado muy presente en nuestro día a día, debemos tener en cuenta que no es hasta la era moderna cuando los estados han entrado a regular y controlar el juego en relación a los ciudadanos.

Fue a finales del siglo XIX el momento en que se dio a conocer la primera máquina tragaperras en Estados Unidos, la cual fue creada por Charles Fey. Su mejora y evolución fue de la mano de una progresiva expansión territorial a lo largo del país americano. No obstante, su llegada a Europa no se produjo hasta años después, una vez que el mercado estaba más que afianzado en Norteamérica.

La difícil situación histórica que atravesó España durante los primeros años del siglo XX hizo que la incorporación de las máquinas tragaperras en nuestro país se viera retrasada. Si que comenzaron a construirse los primeros casinos españoles a comienzos de siglo, pero los juegos existentes nada tenían que ver con las máquinas tragaperras. La posterior dictadura de Primo de Rivera hizo que los casinos españoles se vieran abocados a la quiebra por la prohibición del juego. Después, la época republicana hizo de estos enclaves echados a perder por la dictadura centros culturales de reunión. Así, nos encontramos con que en la década de los años treinta los edificios que habían sido destinados para el uso recreativo ya no tenían nada que ver con el destino que les había querido ser otorgado en un principio.

En 1936 comenzó la guerra civil española, y con la victoria del bando nacional y la ascensión del general Franco al poder se prohibieron los juegos de azar. Sólo estaban permitidos el cupón de la ONCE, la Lotería Nacional, las apuestas hípicas y las quinielas de fútbol. El resto de juegos de azar estaban prohibidos y perseguidos debido a que, para la moral de la época, el juego generaba vicio, llegando su práctica incluso a estar tipificada en el Código Penal.

No fue hasta 1977, una vez caída la dictadura en España, cuando el gobierno decidió legalizar los juegos de azar. De hecho, que es lo que nos incumbe aquí, las máquinas de azar, o máquinas tragaperras, no fueron legalizadas en nuestro país hasta el año 1981, años después de la instauración de la democracia. Es este momento el que es denominado como la “segunda revolución del juego” en España. Su legalización no se produjo en España como en otros países occidentales, puesto que en nuestro país no se restringió su colocación a las salas recreativas y casinos, sino que su instalación fue permitida en otros lugares a los que la población tenía un acceso mucho más fácil, como es el caso de las cafeterías y bares, lo que se tradujo en que en pocos años las máquinas tragaperras se convirtieran en el juego de azar más popular en España.